Tuesday, July 04, 2006

Le rompe la cara
Patty vs carlee
Catfight


Mi admiración por Ariana venia desde hace mucho tiempo atrás, muchos la confundía con envidia basándose en que ella es tan bonita pero no, mi admiración por Ariana es tan solo amistad.

Es verdad que ella tiene una casa mas linda que nosotros y que no parecemos de la misma edad, ella rubia, con un cabello que casi alcanza su cintura y yo castaña, y desde no se cuanto utilizo este corte estilo militar. Mi nombre es Roció, soy delgada o mas bien menudita como dicen acá por Sinaloa, tengo 16 años y dicen mis tías que aparento 13 cuando mucho, voy al colegio de Bachilleres de Sinaloa numero 25, el que esta en la Campiña y en verdad, mi mejor deporte es el haberme convertido en la amiga de Ariana, así me llaman todos, la amiga de Ariana.

Fue en la prepa donde todo sucedió, a diferencia mía, Fernanda si sentía un odio por Ariana y ella si manifestaba su envidia, Fernanda era sin duda la mas alta del salón, la mas fuerte también, jugaba basket con los muchachos, solía ganarles, les hablaba con groserías como ellos lo hacen, pero muy contrario a lo que todos pensaban de ella, a ella le gustaba Miguel.

Ahora Miguel, un buchon que frecuentaba la prepa para cazar pollitas, llegaba patinando su pickup en la puerta, esperando que ellas mismas se acercaran con el, no era feo, al contrario, era del tipo campirano, un bronco como llamamos por acá, pero el negocio de su papá lo hacia llevar siempre dinero en la cartera, buena ropa y éxito con las viejas, incluyendo a Fernanda y Ariana.

Aun tengo mis dudas de lo que Roció sentía por el, ella podía tener a quien quisiera, podía hacerlos rogarles a sus pies y como no, era casi tan alta como Fernanda, media uno setenta y tres, como dije antes , su cabello lacio y rubio llegaba hasta su cintura, sus piernas eran perfectas, sin un solo bello mas que de color dorado, su sonrisa, sus verdes ojos y además de todo un busto de una mujer de 23 años, era una niña de 16 que hacia voltear por la calle a todos los hombres a su encuentro, era mi amiga Roció.

Ese día y como todos los días las tres llevábamos el uniforme del Cobaes, y las tres lo llevamos de forma distinta, Fernanda usaba el de los hombres, una camiseta con el logo al frente, siempre desalineada , siempre sucia, su falda a cuadros tipo príncipe de Gales llegaba hasta sus rodillas, es verdad, era la falda mas larga de toda la preparatoria pero de que me burlo yo, si convencía a mi mamá de llevar tela a la costurera para que me hiciera estos pantalones, nunca quise llevar falda, así que me hicieron dos pantalones de patoles para la escuela, de hecho, soy la única mujer que los lleva, y con mi corte de cabello y lo pequeñita que soy algunas veces me confunden con un niñillo, ja, el caso de Roció es otro, ella es una Barbie que provoca con enjuagues los hermosos rizos en sus cabellos, por uniforme lleva una blusa tipo polo color negro, con el logotipo en verde siempre impecable, su falda es solo un pedacito de tela que permite ver a cada paso la delicadeza de sus muslos y que también le evita esconder los colores pastel de su diminuta ropa interior, no usa calcetines, pareciera extender mas aun la longitud de sus piernas, siempre sonríe la princesa, siempre sonreía la princesa.

Se escuchó llegar la camioneta de Miguel, el rechinido de las llantas, la música de corridos en el estereo a todo volumen, nos asomamos a la ventana del salón y si, era Miguel, faltaban cinco minutos para terminar con Física y con eso terminar el día.

—Es todo , pueden marcharse— Dijo el maestro.

Salimos corriendo del aula y parecía que todas íbamos hasta el carro de Miguel, pasamos por la tiendita por el laboratorio, por la puerta y ahí justo en la ventana el nos dijo:

—Ariana, quieres que las lleve a algún lado—

—No— contesto mi amiga, siguiendo con su dulce caminar, fue así como Fernanda se entero que Miguel nunca seria suyo, que la morra que mas odiaba lo podía dejar ahí tirado con un solo no, y a ella ni siquiera la voltearía a ver, nadie le hacia caso y sin embargo ella odio a Ariana mas que a nada en el mundo y decidió vengarse, Miguel arranco su camioneta y se fue encabronado de ahí.

Fernanda corrió a su vieja camioneta azul y después de arrancarla subió a cuatro de sus machorronas amigas

—vamos a madrearnos a la Ariana, me la debe desde hace tiempo— Cosa que escucho toda la escuela y a pie corrieron a ver.

La camioneta se nos cerro a las dos, estábamos justo en medio de la calle y un circulo de estudiantes uniformados nos rodeaban, eran como cien que gritando me hicieron sentir pavor de lo que podría pasar, fue entonces cuando volteé a ver a mi amiga, tranquila, seguía sonriendo, parecía que a Ariana nada le importaba mas que no perder el porte.

—Te va a llevar la chingada guera de rancho, te voy a coger a madrazos—

Seguimos caminado hasta que al mismos tiempo nos detuvieron, entre dos de ellas me subieron cargando a la caja de la pickup y las otras dos se fueron sobre mi amiga, Fernanda estaba desesperada por pegarnos, era tanta su furia que vi como antes golpeo la camioneta tres veces con su mano derecha, se que le dolió.

—Puta de mierda, vas a aprender a la mala—

Tomó del cabello a Ariana y como una polea la aventó tres metros de ahí, la guera cayo al suelo queriéndose levantar de inmediato, Fernanda la tomó de nuevo del cabello hasta hacerla pararse y así de nuevo jalarla del pelo por la mitad de la calle.

—Suéltame pendeja, suéltame que me duele—

Toda la borregada estaba feliz, querían que la matara, pedían sangre de la que fuera y cualquier grito de Ariana se perdía entre tanta risa, de nuevo en el suelo, su rodilla tenia un raspón, fue ahí cuando me di cuenta que el semblante le había cambiado, ella estaba igual de asustada que yo y tal vez fue eso lo que le dio fuerzas para atreverse.

Al acercarse Fernanda de nuevo, los papeles cambiaron, fue Ariana quien de un brinco alcanzo los cabellos de Fernanda, tomándolos con tal saña que parecía le arrancaría la cabeza, ahora Ariana la tiro al suelo, se sentó encima de ella y sin mas ni mas de un tirón le arranco la blusa en dos trozos.

—WOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOW— Era el grito de la muchedumbre.

Ariana aventó la blusa a la muchedumbre y alzo los brazos en son de victoria. Tres de las amigas de Fernanda corrieron contra ella, la tomaron de brazos y piernas y la subieron a mi lado. La otra se levanto sin importar nada, sin importar que la vieran sin camiseta y subió a la caja de la camioneta, "PUM PUM" dos madrazos en la panza de mi amiga, no fueron suficiente lección.

La bola de mirones se acercaba como hormigas en hormiguero a la camioneta, nadie veía nada, solo se veían varias manos sobre Ariana, jalando pedazos de tela una y otra vez, nadie veía nada hasta que Fernanda se levanto y de un nuevo jalón levantó a Ariana, no había mas que un pedacito de blusa sobre sus hombros, la falda ya no estaba, ni siquiera un pedacito de la tela había quedado.

—Tubo Tubo!!!! — gritaban los de la bola

Ahora Ariana dejaba ver sus nalgas, tenia una tanguita color verde pastel, de adelante un moñito adornaba el pequeño triangulito mientras que por atrás preemitió que la escuela entera conociera la palidez de sus pompis. Arriba tenia un Bra del mismo color, un pushup que le daba mas tamaño a sus espectaculares tetas, se veía preciosa y rojiza, el color de su piel llegaba por la vergüenza.

Una de las viejas arranco la camioneta escapándose de la muchedumbre de mirones, caminamos a lo mucho tres cuadras cuando Fernanda detuvo la camioneta, saco unas tijeras de la cabina y regreso a la caja.

—Apenas comienza el dolor golfa, vas a pagarme lo que me hiciste con la mas grande vergüenza de tu vida—

¿qué podría ser peor?, la saco en calzones ante toda la escuela, no se que podría ser peor que eso, además el miedo no me dejaba ver mas allá de eso.
Tomo el cabello de Ariana y de un solo corte se quedo con toda la rubia cola de caballo de su enemiga, siguió cortando, tijerazos a lo loco que dejaban cada vez mas pelona a la princesa

—Yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, por favor yaaaa detente! — pedía Ariana.

Y nada, no se detuvo hasta raparla con un rastrillo por completo, no dejo ni un pelo en su cabeza, ella lloraba tomando del suelo lo que quedaba de sus greñas. Así, la llevo ante un espejo y ahí, Fernanda se burlo de ella.

—Te quiero ver mañana en la escuela guera, jajajajajaja guera—

Después, soltó el Bra de un solo tijerazo, brincaron ante todas un par de tetas enormes, blancas como la leche, con un pezón rosa precioso. Ella solo veía su cabeza, olvido que solo la vestía una tanga pequeñita. La tomo con ambas manos, bajo la tanga enrollándola entre los muslos de la guera y al quedar al descubierto su vagina le dijo a sus amigas

—Deténgame a la puta bien, que todavía no termino con ella—

Delicadamente puso el mismo rastrillo con el que la rapo en su pucho y después de escupirle y sin importar sus gritos, resbalo la navaja por su panocha dejándola color piel, no dejo ni un pendejo ahí, y Ariana no paraba de llorar. Cuando la soltaron subió la tanga con dificultades por como se había enredado, ahora la tenia puesta y hecha bola entre sus nalgas.

La camioneta volvió a arrancar y esta vez tomo rumbo de regreso a la escuela.

—EEEEEEEEEEEEEEEEHHHHHHHHH! —GRITO EL PUBLICO AL VERNOS.

Nos rodearon de nuevo y fue Fernanda quien nos bajo de ahí, le dio una nalgada y arranco la tanga de un tirón, en medio de una muchedumbre estaba Ariana totalmente desnuda. Todos le metían mano, todos, eran mas de mil manos que no dejaban escuchar los llantos de mi amiga. A mi me bajaron después, me rompieron el ziper del pantalón a jalones y aun cuando no paso de mis muslos solo termine en calzones ahí.

Se fueron todos por fin, cubrí a mi amiga con pedazos de tela, subimos a un taxi con rumbo a casa de mi tía Aidé, ella sabría que decirnos, encestábamos una amiga mas.

carlos_rape@yahoo.com.mx


este relato es parte de Sexycuentos.com

Thursday, June 29, 2006

Catfight facesitting
Duelo por Milena

Hola a todos, mi nombre es Hans y soy un asiduo lector de esta pagina y todo lo referente a relatos eróticos, el relato que les traigo hoy y el cual espero les agrade trata de tres hermosas y muy atractivas mujeres, Milena, Gabriela y Carolina, antes de empezar describamos a cada una: Milena es una mujer de larga cabellera castaña que le da hasta la cintura, mide 1,80 CMS delgada con pechos pequeños pero bien definidos pezones parados en verdad un colirio para la vista, sus glúteos bien formados y definidos dándole a su culo una forma hermosa, pequeño redondo paradito y orgulloso y una espalda llena de pecas en conjunto con un rostro de ángel que la convierte en una de las hembras mas sexys y atractivas que he conocido, su carácter es desenfadado hasta rayar en lo inocente es dulce pero muy decidida y siempre consigue lo que desea, Gabriela es Una morena clara con una cabellera negra frondosa hasta el final de su espalda rasgos finos y bien definidos en su rostro, delgada alta, pechos medianos como toronjas pezones erguidos que en conjunto forman unas tetas medianas y bien formadas, caderas delgadas y un culito parado bien formado y definido un poco mas grande que el de Milena, es de personalidad agresiva, segura de si misma, es del tipo de mujer agradable y dulce pero territorial, (debo aclarar que las tres chicas las conozco del gimnasio y trabajan en TV así que imaginen no), Carolina es el tercer hembron , con cabello castaño corto que da hasta sus hombros alta algo mas rellenas que las otras dos, pechos medianos un poco mas grandes que los de Gabriela pezones grandes, sus tetas no son del tipo paradito pero también son bellas bien formadas y duras, unas
caderas anchas y un culo bien definido y de buen tamaño, su personalidad es del tipo decidido es agresiva y muy dominante.
Milena y Gabriela son amigas desde hace mucho tiempo, trabajaron juntas en varios programas e incluso se graduaron juntas de la universidad, siempre note un apego especial sobre todo por el lado de gaby que la sobreprotegía mas adelante se confirmarían mis sospechas, en fin en el gimnasio conocieron a carolina una nueva modelo que aparecía en los programas de concurso del canal, a esta bella chica Milena le llamo la atención desde el principio se le notaba al presentarse ante ella en el gim, desde ese mismo día comenzó una rivalidad entre caro y gaby, Ante esto Milena lo notaba y como me confeso luego ese juego la excitaba; en fin las chicas siempre estaban juntas y un día en especifico se fueron de fin de semana a la casa de
Milena en la costa, pues cerca de allí se aria una sesión de fotos promociónales, al finalizar el trabajo se retiraron a disfrutar de la casa, Milena con un bikini rosa eléctrico tipo brasilero que realzaba la forma de sus pequeños y hermosos pechos, y un hilo dental que realzaba su culito, una visión que desencadeno una reacción en sus amigas que cambiaria por siempre
la dinámica de su relación, Gaby por su parte se puso un traje amarillo también del tipo brasilero, Caro por su parte s coloco un traje de baño negro que realzaba sus curvas, las tres mujeres estaban tumbadas al sol en la terraza, mile al centro con las otras chicas una a cada lado, Gaby se ofreció a untarle bronceador en la espalda a lo que caro reacciono rápidamente quitándole el frasco y preparándose a untarle el protector, gaby la detuvo arrancándole de un golpe el bronceador lo cual hizo que ambas hembras se levantaran a discutir ante la mirada sorprendida de Mile : Gaby “perra ya estubo bueno de tener que soportarte como una berruga cada vez que salgo con mi amiga, para ahora tambien tener que aguantar tus malos modales, largate antes de que te saque”, Caro: “jajaja, tu y cuantas mas mugrosa la que esta de mas eres tu que te atraviesas por que sabes que mile me prefiere a mi y no la dejas disfrutar la que se debe ir eres tu o yo si te voy a patear” Gaby “muy segura estas zorra, bien veamos pero solo te digo que hoy mi clítoris sera tu cena y tu vagina y tu culo me los voy a coger para que mile vea quien es mas mujer de nosotras”.

Entonces ambas mujeres se abalanzaron una encima de la otra en una autentica pelea de gatas, Milena veía asombrada la furia y el empeño de sus amigas lo cual la excito como nunca y empezó a hacerse la paja, gaby y caro mientras
se revolcaban tomadas de los pelos por toda la terraza, se arañaban y pateaban, luchando por tratar de montarse una sobre la otra y así obtener ventaja cosa imposible de deterge minar en los primeros minutos de la lucha, repente gaby logro apartar a caro de una patada y así ambas se levantaron dando vueltas una frente a la otra analizándose para continuar, mientras
Milena seguía sobando su intimidad y sus pechos, y disfrutaba del espectáculo, en eso gaby y caro comenzaron una pelea a puños para así determinar la supremacía, se pateaban y golpeaban hasta que de pronto caro esquivo la derecha de gaby y con un certero gancho a la mandíbula nokeo a la hermosa morena dejando el exuberante metro ochenta de bella cabellera negra tirado en medio de la terraza en su sexy bikini amarillo, monto su pie derecho sobre la cara de Gabriela y observando a mile levanto los brazos, Milena excitada por la masturbación se fue hacia la vencedora y le dio un profundo y largo beso donde las lenguas batallaban hambrientas y las manos hurgaban cada rincón de ambos cuerpos, de repente caro tomo con sus dos manos la cara de mile y le dijo, “espera que la fiesta apenas empieza”, le quito a gaby el sostén y con el amarro sus manos en la espalda, le quito el bikini dejando el hermoso depilado y grande cono desnudo, levanto el cuerpo y lo llevo a la sala poniéndolo sobre la mesa de la recepción boca abajo con las piernas abiertas apuntando hacia fuera, le pidió a mile que buscara una maleta que ella había traído y que estaba en el closet al abrirla saco una pija de plástico enorme tipo mandingo colocada en un cinturón, Caro se la puso junto con unas botas negras que la hacían parecer toda una dominatrix ,
y comenzó a lubricar el ano de gaby para luego comenzar a penetrarlo, gaby semiinconsciente esbozaba una sonrisa de placer se be que estaba disfrutando, mientras estaba cabalgando caro le ordeno a mile que pusiera un consolador en la boca de gaby, la cual semiaturdida inconcientemente comenzó a chuparlo como si alli le fuera la vida, la velocidad de la penetración aumentaba al mismo tiempo que la fuerza de la mamada, de repente gaby despertó en medio de un sonoro y evidente orgasmo. Al volber en si se percato la mujer que le gustaba estaba ante ella precensiando la humillación de tener a su rival dentro de su culo haciéndola gozar y gritar como una puta y encima coronando la escena caro le dice “me dijiste que mi culo seria tuyo a y también la vagina no” entonces tomo la pierna izquierda de gaby la volteo enérgicamente todavía con la verga dentro de su culo, la saco y de un golpe comenzó a coger la mojada y babeante vagina de la sometida hembra ante
la mirada de una milena que estaba masturbándose frenética con la pija que su amiga habia mamado momentos antes, caro penetraba duro y repetidamente a una Gabriela que suplicaba piedad y que a lo largo de 10 minutos de penetración exploto en otro orgasmo, con esto caro la tomo por sus negras greñas la acerco a su cara y le dijo “y ahora falta tu cena perra”, la tiro al suelo se quito el cinturón y se sentó sobre su cara obligándola a chupar su clítoris hasta satisfacerla, lo cual logro a cabalidad, caro gritaba uffffff, rico, se ve que no es la primera concha que comes ha ha hahaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!, luego de varios orgasmos gaby se desmayo, es allí donde una jadeante milena se acerca a una eufórica carolina y comienzan
nuevamente sus caricias y besos “ahora voy a comerme lo que mas he deseado desde que te conocí”, puso a mile en cuatro patas y comenzó a lamer y meter su lengua en el ano de mile, con sus dedos en forma de pistola penetraba la
vagina de la rubia que gritaba y pateaba como yegua de la excitación y que eyaculaba cantidades increíbles de flujo vaginal, al finalizar terminaron ambas rendidas y abrazadas sobre el sofá con la sensual Gabriela en el suelo, lo que sucedió el siguiente dia y los meses siguientes se los relatare luego,

en este momento me gustaría saber sus opiniones e intercambiar relatos mi e mail es rzjlr@hotmail.com.


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Tuesday, June 20, 2006

Catfight
Esto sucedió hace algunos años cuando me anoté por primera vez en un gimnasio. Yo no tenía un mal cuerpo, pero quería modelarlo mejor, motivado por las vacaciones que todos los años pasaba con mis amigos en la playa.
Fue en ese lugar donde conocí a la mujer que haría cambiar mi opinión sobre el "sexo débil".
Recuerdo que la veía con frecuencia haciendo algún ejercicio, pero no me llamaba la atención. Vestida siempre con un jogging holgado y un amplio buzo, era para mí una chica más. Pero esa imagen que tenía de ella cambió para siempre desde el día en que conocí su particular habilidad.
Una tarde cualquiera, cuando llegué al gimnasio a la hora acostumbrada, me sorprendió que no hubiera nadie haciendo ejercicios, aunque se escuchaba, sin embargo, un fuerte griterío que venía desde la cancha de basquet. Fuí entonces hacia allá para investigar lo que pasaba y, grande fué mi sorpresa al ver la escena que se presentaba ante mis ojos,
En el centro de la cancha, rodeados por un círculo de gente que gritaba y alentaba, había un hombre peleando con una mujer. Al principio no la reconocí, pero al acercarme más, ví que era ella. Llevaba puesta una ajustada bikini, que dejaba ver plenamente su espléndido cuerpo. Sus piernas eran gruesas y fuertes, de muslos bien torneados y poderosos. Tenía una cintura perfecta, con un abdomen liso y duro como una roca, que hacía exquisito contraste con sus grandes pechos, firmes y redondos, que se alzaban desafiantes en el amplio tórax. Sus brazos mostraban cada uno de los músculos, y estaban coronados por redondos y prominentes hombros. Su cuerpo era en verdad intimidante, y expresaba de una forma casi agresiva su fuerza y solidez, pero sin dejar por eso de ser claramente femenino.
Pero toda esa masa de músculos no era puramente estética. Usados con destreza y precisión, formaban un poderoso instrumento de castigo, como lo estaba comprobando el pobre sujeto que a ella se enfrentaba.
Tirado en el piso boca arriba, tenía alrededor de su cabeza las piernas de la mujer que, sentada sobre su pecho, la oprimía ferozmente. El hombre, cuyo sufrimiento era evidente, suplicaba que se detuviera pero ella, mostrando una sonrisa maliciosa, aflojaba la presión levemente hasta que el infeliz pensara que el tormento había terminado, y en ese momento, volvía a apretar con renovada fuerza.
Repitió este castigo varias veces hasta que se aburrió. Puso entonces al hombre boca abajo, se sentó sobre su espalda y, tomándolo por la barbilla, comenzó a doblar su cuerpo hacia atrás, en una posición por demas forzada y dolorosa. Lo mantuvo varios minutos sometido a esa agonía, mientras escuchaba complacida las súplicas del hombre, que no sabía como quitarse de encima a esa mujer que parecía querer quebrarle la columna. Pero ella dominaba totalmente la situación, así que lo soltó cuando estuvo hastiada de sus lamentos; y viendo que lo había dejado casi rendido, decidió finalizar el combate. Pero quería hacerlo de una forma espectacular, de modo que, parándose, se alejó unos metros hacia atrás del hombre y esperó a que tratara de incorporarse. Cuando éste, medio aturdido, comenzó a despegar su pecho del piso, la mujer saltó y, dando una voltereta en el aire, cayó sentada sobre la nuca del infeliz, que dió con su cara contra el suelo y quedó tirado allí, inconsciente.
Todos aplaudían y gritaban, menos yo, que estaba como atontado. Me sorprendió ver tal potencia y destreza, especialmente en una mujer, pero lo que más me impresionó, fué la excitación que me había producido la forma evidente en que ella disfrutaba dándole al hombre semejante castigo. Me encontraba transpirado, un leve temblor recorría todo mi cuerpo y mi miembro estaba indisimulablemente duro. Quizá fué esto lo que hizo que ella reparara en mí, porque cuando se iba, noté que me miraba de reojo y me sonreía pícaramente.
A partir de ese momento, empecé a ir al gimnasio en los días y horarios en que podría encontrarla. La veía haciendo sus rutinas o charlando con otras personas, y a veces nos cruzábamos en los pasillos, pero nunca reparaba en mí ni me daba oportunidad de hablarle. Pasó el tiempo y comencé a pensar que me había equivocado, cuando un día sucedió lo inesperado.
Era casi la hora de cierre y ya no quedaba nadie. Yo estaba terminando mi rutina de pectorales, recostado boca arriba en el banco cuando, al dejar la barra en el soporte posterior, la ví junto a mí. No sé como llegó, pero cuando me dí cuenta ya estaba encima mío. Parada, con una pierna a cada lado de mi cuerpo, se había puesto a la altura de mi pecho y me miraba con toda tranquilidad. Mi cara estaba a diez centímetros de su pelvis y, si bien no me estaba tocando, me sentía como debajo de una montaña. Estuvo así mirándome unos segundos hasta que, sin darse vuelta y sin dejar de mirarme fijamente, extendió uno de sus brazos hacia atrás y metiendo su mano por debajo de mi pantalón, tomó con firmeza mi miembro, que estaba ya duro, y lo retorció fuertemente como si se tratara de una rama que quisiera partir. Quise gritar por el dolor, pero me contuve, y entonces me dijo:
ñMe parece que te gustan las mujeres fuertes.
ñNo lo sé -le respondí- pero vos me volvés loco.
ñ¿Te gustaría tener un encuentro conmigo? -me preguntó
ñCreo que sí, pero no se nada de lucha y no quiero salir lastimado. Vi lo que le hiciste a ese tipo el otro día.
ñNo te preocupes, -dijo-, ese era un idiota con el que tenía un asunto que arreglar. Yo nunca lastimo a mis hombres, sinó después, no me sirven más. Si te animás, te esperro.
Me dió entonces un papel con su dirección y, tan rápido como vino, desapareció.

Esa noche fuí a su casa. Cuando llegué, me hizo pasar al living para tomar unas copas. Llevaba puesto un vestido negro ajustado, que mostraba las curvas de su firme y hermoso cuerpo. El pelo moreno, largo hasta los hombros, enmarcaba su bello rostro, de serenos ojos claros y labios sensuales.
Sentados en un sofá, charlamos de cualquier cosa y escuchamos algo de música. Debo confesar que yo estaba un poco confundió, porque esto parecía una cita común y corriente y, no sé por que, esperaba otra cosa. Pero de pronto, y sin ningún motivo aparente, se levantó y yendo hasta un mueble cercano, sacó una ajustada malla de hombre y me la dió. No dijo nada, pero su gesto fue elocuente. Me dirigió una sonrisa cómplice y, con un leve movimiento de la cabeza me señaló la escalera que había en aquella habitación, por la que subió rápidamente y desapareció. A los pocos minutos, cuando estaba terminando de cambiarme, oí su voz desde el piso superior que me decía: -¿Y, vas a venir o tengo que bajar a buscarte?.
Excitado, no me hice rogar y subí. Al llegar arriba vi que había, al fondo de un pasillo, una habitación iluminada. Me dirigí hacia ella y encontré, con gran sorpresa, un lugar perfectamente equipado para lo que iba a suceder. Tendría el cuarto unos 6 metros de lado, y su piso estaba recubierto totalmente por una gruesa colchoneta. A unos 50 centímetros de las paredes, había en todo el perímetro unas cuerdas de ring, sujetas a cada una de las esquinas, con el evidente propósito de evitar cualquier golpe contra los muros, y algunos espejos, hábilmente ubicados, reflejaban toda el área de lucha.
Estaba mirando todo esto cuando de repente me encontré tirado boca arriba en el suelo. Mara -ése era su nombre-, se había acercado por detrás mío, me había hecho una rápida zancadilla y tenía ahora un pié sobre mi cuello, mientras me retorcía el brazo y me decía:
ñ¿Qué te parece?, preparate porque esto recién empieza.
Se había puesto la misma bikini que llevaba aquel día en el gimnasio, y pude ver entonces de cerca cada músculo de ese formidable cuerpo que, ahora sobre mí, me tenía inmóvil.
Luego de unos instantes me soltó y dejó que me parara. Alejados unos pasos nos miramos y ella, con una leve sonrisa de superioridad, saltó rápidamente tomando mi cuello entre sus tobillos en una llave voladora que me dejó nuevamente tendido en el suelo. Algo mareado, traté de incorporarme lentamente, pero apenas pude poderme de rodillas, porque vino por detrás y tomando mi cuello bajo su axila me aplicó un asfixiante y mortal candado. Con mi cara aplastada contra su pecho, apenas veía sus ojos encendidos y una perversa sonrisa de placer. Si hubiera apretado un poco mas, me habría ahogado inevitablemente bajo su poderoso brazo, pero estaba claro que había muchas otras cosas que quería hacer conmigo, y no podía acabarme tan rápido. Así que al poco tiempo me soltó y, cuando logré recuperar el aire, me enfrenté a ella y traté de voltearla varias veces, pero sin éxito. Entonces, se alejó de mí y, dando un salto ágil y flexible, quedó sentada sobre mis hombros, con mi cara contra su abdomen. Como yo seguía de pié, se tiró hacia atrás, apretando con fuerza mi cabeza entre sus piernas y, pasando bajo las mías dimos una voltereta de increíbles resultados: yo quedé en el suelo boca arriba y ella sentada sobre mi cuello, sosteniendo mis piernas bajo sus axilas y aplastando mis brazos con sus rodillas. Sumergido así debajo de su entrepierna, apenas podía respirar, y me encontraba atrapado y torcido de tal forma que no tenía ningún movimiento posible, salvo el de mi cabeza, que estiraba como una tortuga tratando de tomar una bocanada de aire entre toda esa masa muscular que me lo impedía.
Pero ella no se conformaba con tenerme así inmovilizado. No le interesaba vencer por puntos o por cansancio. Comprendí entonces que lo que la excitaba verdaderamente era el pánico y el dolor que provocaba a su víctima. Por eso, se fue inclinando hacia adelante lentamente para aplicar la máxima tensión a mi cuerpo, que se retorcía cada vez mas, mientras ella jadeaba de gozo. Me tubo así un rato largo, disfrutando con cada gesto de mi rostro, que reflejaba el padecimiento al que estaba sometido, hasta que, de repente, me soltó. Quedé entonces tirado en el piso y mirando el techo, con todo el cuerpo dolorido. En esa condición, no pude reaccionar ante lo que estaba preparando para mí. Era una máquina incansable, y no me daba ningún respiro.
Echando mis ojos un poco hacia atrás, la ví parada sobre las cuerdas más altas en una de las esquinas del ring. Apenas tuve tiempo para darme cuenta de su intención cuando, como una ágil pantera, saltó sobre mí. Me es difícil describir todo lo que sentí en ese breve instante, que duró para mí más que un siglo. Vi a esa mujer volando por el aire con las piernas abiertas y los brazos extendidos. Ví como su cuerpo se acercaba rápidamente, agrandándose a cada instante y llenando todo mi campo visual con su tremanda masa muscular. Impotente, ví su entrepierna que venía directo hacia mi cara, tomando proporciones descomunales y sumerjiéndome en una creciene oscuridad hasta que, súbitamente, sentí el terrible impacto. El peso de su cuerpo, aumentado por la inercia del salto, me aplastó completamente y repercutió con violencia en cada uno de mis huesos.
Noté entonces que todo mi cuerpo estaba atrapado debajo del de ella, salvo mi cabeza, que quedó entre sus gruesos muslos, como encerrada entre dos altos acantilados. Yo apenas podía ver desde allí sus redondos y firmes gluteos, que se elevaban macizos frente a mis ojos, mientras esperaba aturdido que saliera de encima mío y me dejara levantar, porque pensaba ingenuamente que ese salto brutal había sido el castigo máximo.
¡Que equivocado que estaba! Descubrí allí que el verdadero castigo consistía en no darme respiro, sometiéndome incesantemente a variados y salvajes tormentos. Sentí entonces que con sus manos apretaba firmemente mis tobillos contra el suelo. Mirando luego de reojo sobre su hombro, calculó la posición exacta de mi cabeza y, sin perder un instante, cerró sus piernas musculosas y la sujetó firmemente. En ese momento comprendí su intención, pero ya era demasiado tarde. Sin escapatoria, solo podía prepararme para resistir el terrible castigo que se avecinaba. Así, lenta pero crecientemente, fué haciendo una presión sobre mi cabeza que pronto se volvió intolerable. Desesperado, yo trataba inutilmente de separar con mis manos sus implacables muslos, mientras escuchaba su excitada respiración y las exclamaciones de gozo que le provocaba mi padecimiento. Con horror, creí entonces que seguiría apretando despiadadamente mi cráneo hasta hacerlo estallar como una nuez. Pero ella sabía muy bien lo que estaba haciendo. Como pude comprobar después, ésta era una de sus prácticas preferidas y conocía perfectamente su poder y como llevar a su oponente hasta el límite. Me tuvo así un largo tiempo, y al igual que aquel día en el gimnasio, iba graduando el tormento para hacerlo mas duradero. Aflojaba cada tanto para darme algún respiro, pero volvía enseguida a apretar con mas fuerza, mientras disfrutaba mirando por sobre su hombro mi expresión de angustia, que la hacía gritar ¡¡¡Ssi, ssi, sssiiii!!! en un profundo éxtasis.
Cuando decidió que era suficiente me soltó y se fue a un rincón a descansar. Yo había quedado casi inconsciente pero podía verla sentada sobre las cuerdas, excitada y jadeante.

A los pocos minutos, hechándome un balde de agua sobre la cara me reanimó y me dijo:
-¿Te animás al segundo round?.
Yo lo dudé un poco, porque había recibido un castigo sin igual y estaba todo dolorido, pero sin embargo sentía un extraño placer que me excitaba y además, debía dejar limpio mi honor. Me paré entonces y le hice frente, esperando tener esta vez mejor suerte.
Pero éste no era un asunto de suerte sinó de experiencia, y yo no la tenía.
Con dos rápidos saltos se puso a mi espalda y, tomándome por la cintura me levantó del piso para apretarme entre sus brazos de acero, oprimiendo todas mis costillas y dejándome sin aire; pero pronto me soltó y caí parado otra vez. Saltó entonces ágilmente sobre mis hombros con un impulso tal que me hizo caer de boca contra el piso, con ella sentada en mi cabeza y aplastando mi cara en la lona. Se quedó un rato así, haciendo presión con todo su cuerpo sobre mi cráneo, como queriendo triturarlo contra el suelo. Oprimido por esos gluteos de acero, yo sentía mi cabeza a punto de reventar, pero cuando estaba ya casi por desmayarme, Mara se levantó y, rápidamente, se arrodilló sobre mis tobillos, me tomó de las muñecas y se hechó hacia atrás todo lo que pudo, doblando mi espalda como una banana y estirando hasta la última fibra de mi cuerpo. Cuando comprobó que me había llevado al máximo límite de tensión, se mantuvo así por un tiempo hasta que repentinamente me soltó, con lo que, reaccionando como un resorte, dí de bruces otra vez contra la lona.
En esa posición, traté de incorporarme, pero ella, rápida e implacable, cayó con una rodilla sobre mi nuca y tomando uno de mis brazos por la muñeca, lo llevó hacia atrás retorciéndolo como a un trapo mojado. Se paró luego ágilmente, y sin soltarme la muñeca me dió un fuerte tirón que me dejó sentado en el piso como un niño, totalmente desorientado.
Sus gruesas piernas musculosas, combinadas con sus fuertes brazos, podían formar una potente máquina letal, como comprobé en ese momento, porque decidió usarla en contra mio. Sentándose entonces en el piso a mi espalda, me rodeó la cintura con sus muslos y, pasando sus brazos por debajo de los míos unió sus manos en mi nuca, dejándome totalmente inmovilizado. Y sujetándome así firmemente, comenzó a comprimir todo mi cuerpo con cada uno de sus músculos, como una poderosa serpiente que rodeándome por completo quisiera romper todos mis huesos.
Yo sentía en mi cintura la brutal presión de sus piernas, que la ceñían despiadadamente en una mortal tijera, mientras el candado de acero que sujetaba mi torso me mantenía impotente e inmóvil. Mara dominaba totalmente la situación, jugando conmigo como si fuera un simple muñeco.
A veces se echaba de espaldas contra el suelo, con lo que mi cuerpo quedaba en el aire doblado como un arco y con mi cintura a punto de partirse entre sus poderosas piernas, y a veces, girando ágilmente, se colocaba encima mío, aplastándome bajo todo el peso de su macizo cuerpo, oprimiendo mi cara firmemente contra el suelo y estrechabando incansablemente la feroz tijera con la que estrujaba mi cintura.
Me sofocaba así casi hasta la asfixia o sentía que se me iba a partir la cintura; quedaba encima de ella, moviéndome ridículamente en el aire, o quedaba debajo, aplastado como un felpudo.
Mara parecía disfrutar enormemente sometiéndome a este castigo, que duró un tiempo para mí interminable durante el cual solo se oía el sonido angustioso de mi respiración, mezclado con las exclamaciones de ella, que gemía, gritaba o me decía, con voz entrecortada por la excitación y el esfuerzo: ¿Que te parece si aprieto un poco mas y te parto como a una rama?, ¿Te rendís o querés que siga hasta aplastarte? o me amenazaba: ¡Te voy a exprimir como a un limón! ¡Te voy a dejar hecho una bolsa de huesos rotos!

Y seguimos luchando así toda la noche. Yo había aprendido ya algunas cosas y a veces le oponía resistencia, pero solo lograba recibir palizas mayores.
Me sometió a todo tipo de llaves y tomas, saltó sobre mí como si fuera una colchoneta y me apretó y estrujó cuanto quiso. Pero debo decir que sabía lo que hacía porque nunca me lastimó. Quedé dolorido y lleno de moretones, pero a los pocos días estaba listo para repetir de nuevo la experiencia, porque lo cierto es que, si bién había llevado las de perder, por alguna extraña razón yo también lo había disfrutado.



Epílogo

Esa noche, cuando terminamos (quizás sea mas preciso decir cuando ella terminó conmigo) me dijo, con un pie puesto sobre mi pecho:
-Te portaste bien, no pensé que ibas a soportar tanto.
Yo, tirado en el piso y convertido casi en un despojo, le respondí con un hilo de voz:
-Apenas me levante, te voy a hacer carne picada.
Ella se rió con ganas y, agachándose un poco me dijo:
-Creo que te merecés un premio.
Tomándome entonces por la cintura, me puso sobre su hombro y me llevó hasta su habitación, donde me arrojó de espaldas sobre una amplia cama. Se subió luego sobre mí y comenzó así otro round, pero en esta ocasión, de naturaleza muy distinta.
No sé de donde saqué las fuerzas, pero me alegra decir que finalmente pude lucir mis habilidades hasta que, totalmente exhaustos y llenos de un indescriptible placer, nos sorprendió la mañana.

Muchas veces repetimos después nuestros encuentros. Ella me enseño lo que sabía y yo pude enfrentarla mejor, aunque terminaban casi siempre con una aplastante victoria de esa mujer de incomparable fuerza y destreza.
Pero debo abandonar aquí mi relato porque, sigilosamente y por sorpresa, mi bella dama acaba de aplicarme una llave en el cuello que me está sofocando. Creo que está por comenzar un nuevo
combate, y no me lo quiero perder....

Lumix

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